El despertar de la conciencia medioambiental

“Como ciudadanos del mundo, tenemos la responsabilidad compartida de asegurar su futuro”.
J. Browne
Durante el discurso pronunciado en la universidad de Stanford, en 1997, el presidente de BP, John Browne, hizo un llamamiento público para lograr “un equilibrio entre las necesidades de desarrollo y la protección del medioambiente”. El mensaje de Browne supuso un momento cumbre en la historia de la compañía, BP se convirtió en la primera empresa energética en reconocer el vínculo entre la actividad humana y el cambio climático y asumió su parte de responsabilidad para poder hacer frente a esta amenaza mundial.

Los compromisos adquiridos por Browne en Stanford se convirtieron en la nueva estrategia de negocio de BP, orientada a reducir las emisiones de dióxido de carbono en sus instalaciones de todo el mundo e implementar el desarrollo de energías alternativas. Browne se comprometió además de seguir invirtiendo en investigación y pruebas científicas, y a colaborar con los competidores para reducir entre todos las emisiones de gases efecto invernadero.

Hacia un cambio de mentalidad

Pero el afán de BP por hacer frente a las cuestiones ambientales es el resultado de un proceso de aprendizaje a lo largo de su historia, acumulando experiencias que definen una manera diferente de entender y desarrollar el negocio energético.

Durante la primera mitad del siglo XX, la contaminación y los efectos de la industria sobre el medioambiente eran todavía un problema menor para muchas empresas. Sin embargo BP, entonces denominada Anglo-Persian Company, no tardo en concienciarse sobre este problema y comenzó a controlar la calidad del agua en la costa de Gales, con el objetivo de evitar cualquier posible impacto de las operaciones de su refinería en Llandarcy sobre el entorno. Con los años, los controles sobre la calidad del agua y el aire se convirtieron en una práctica habitual en BP.

Con el descubrimiento del yacimiento de petróleo en Alaska, a finales de los años 60, BP inició una profunda y minuciosa evaluación sobre el impacto ambiental que el proyecto podía generar al entorno. El resultado fue la creación de un oleoducto elevado por toda la zona norte de Alaska un logro ambiental que supuso una transformación histórica en las operaciones de BP. Desde entonces ningún proyecto de la compañía se ha puesto en marcha sin una evaluación ambiental previa por parte de la Agencia de Protección del Medioambiente (EPA).

Durante los años 70 y 80, la preocupación por el medioambiente fue adquiriendo mayor importancia dentro de la compañía. BP incorporó esta materia a su área de negocio dedicada a salud y seguridad, y comenzó a incluir cursos sobre gestión medioambiental en las formaciones de empleados. Unos años después, a mediados de los 90, BP adoptó un nuevo y firme compromiso, “Ningún accidente, ningún daño a las personas y ningún daño al medioambiente”. Una máxima que ha sido la guía de todas las operaciones desarrolladas por la compañía desde entonces.

Beyond petroleum - Más allá del petróleo

A finales de 2005, BP dio un más en política ambiental al anunciar la creación de “BP Alternative Energy”, un ambicioso proyecto para implementar el desarrollo de energías alternativas y renovables, durante los próximos diez años. BP comenzó a invertir en una nueva oferta energética, con bajo nivel de emisiones, con el objetivo de satisfacer la demanda de una sociedad cada vez más preocupada por el medioambiente, y con la convicción de que podía llevarse a cabo logrando beneficios.

Una de las principales apuestas del proyecto son los biocombustibles, una alternativa en crecimiento y con gran potencial de futuro, por su bajo índice de emisiones de carbono, en la que los investigadores de la compañía trabajan comprometidos en la búsqueda de nuevas aplicaciones para los biocombustibles dentro de la industria energética.

En BP estamos convencidos que el desarrollo de energías alternativas es la clave del negocio del futuro. Pero esto no implica un abandono del petróleo, el gas o los hidrocarburos, sino la puesta en marcha de una estrategia de crecimiento responsable y a largo plazo, que permita garantizar el suministro de energía ahora y en el futuro.