Hacia la Segunda Guerra Mundial

Tan pronto como los nuevos “carruajes sin caballos” inundan las calles de Europa y los EEUU en los años 20 y 30, los dispensadores de gasolina BP aparecen por todo el Reino Unido. En 1921 hay 69, en 1925 más de 6000.

En las carreteras de los principales países europeos, las letras BP comienzan a ser familiares, tanto como la Anglo-Persa que penetra en los nuevos mercados con entusiasmo. Un anuncio en una revista alemana en 1936 describe un mecánico de avión trabajando heróicamente bajo una gran pantalla de BP.

Anuncios para BP Plus, “Pon algo más que los demás no tienen”, arrastran a los consumidores a los dispensadores, mientras que otros anuncios con llamativas ilustraciones modernistas ayudan a la gente a ver el potencial de desplazarse al campo en coche.

Persia cambió su nombre por el de Irán en 1935 y para modernizarse la compañía hizo lo propio. Pero los buenos tiempos no durarían mucho.

Gasolina “Compartida” y algunas curiosas innovaciones

Todo cambió en el otoño de 1939 cuando el Reino Unido entró en la II Guerra Mundial. De repente la gasolina fue una comodidad racionada, y BP, Shell y otras marcas en venta en el Reino Unido se reunieron bajo la marca genérica “Pool”. La nacionalidad triunfó sobre la viabilidad comercial, y BP creció en un continente detenido abruptamente.

Winston Churchill solicitó de nuevo apoyo a la Anglo-Iraní para afrontar los esfuerzos que suponía una guerra, esta vez para pedirles todo lo que tuvieran. Los empleados pusieron su experiencia al servicio de iniciativas curiosas e innovadoras. Por ejemplo, quemaban petróleo en los márgenes de las pistas de aterrizaje para aclarar la niebla y permitir el despegue y aterrizaje de los aviones y ayudaron a manipular el oleoducto gigante que arrastraba a los barcos aliados en su camino a Normandía.

Las tres disciplinas del ejército Británico utilizaban combustibles y lubricantes provenientes de la compañía propiedad de BP, Castrol.

La aviación adquirió un papel relevante durante la II Guerra Mundial. Los aviones americanos utilizaban carburante de aviación de dos marcas patrimonio de BP, Amoco y Sohio, entre otras. La fuerza aérea británica cambió a la Anglo-Iraní, que acababa de encontrar una manera de mejorar la eficiencia de sus combustibles. Pero la cantidad que necesitaban era mayor que la que la refinería de Abadan podía suministrar, a lo que se añadió el hecho de que tres barcos cargados de este suministro fueron hundidos.

El mar abierto era peligroso, Durante la guerra, 44 tanques de la compañía fueron hundidos, matando a 657 personas y tomando a 260 como prisioneros de guerra.

Preocupados por el riesgo que suponía el transporte de petróleo de Irán al Reino Unido, el Gobierno Británico pidió a la Anglo-Iraní que buscara más petróleo en suelo británico del que previamente habían descubierto. La compañía al verse obligada, aumentó la producción en el campo de Nottingham, Inglaterra. Y aunque las cantidades obtenidas eran relativamente pequeñas, ayudaron al país a salir adelante—convirtiéndose en uno de los secretos mejor guardados de la II Guerra Mundial.

Tiempos difíciles también en Persia

En las instalaciones de Irán durante la guerra la situación también era complicada. La entrada en escena de Japón había convertido a la refinería de Abadan en un objetivo prioritario. Cuando las tropas aliadas fueron a asegurar la refinería, 3 empleados murieron bajo el fuego amigo.

La escasez de la cosecha de trigo convirtió en penosa la situación de las 200.000 personas que vivían en Abadan y para las 80.000 más que vivían en pueblos y aldeas junto a los campos petrolíferos. La Anglo-Iraní envió a un representante de Londres para gestionar la crisis. Las cisternas transportaban raciones de comida desde la India y Australia. Desde el Reino Unido se enviaba ropa de segunda mano. Pero las cosas aún fueron a peor antes de solucionarse del todo. El tifus y la viruela arrasaron la población, algo parecido a la histeria se instaló en la comunidad.