Primeros años

Para encontrar petróleo en Persia, George Reynolds y su caravana de exploradores habían sufrido durante siete años el calor del desierto, enfermedades y multitud de decepciones. Los siguientes siete años no serían menos complicados para la Compañía Petrolífera Anglo-Persa que un día se convertiría en BP.

Duro trabajo en equipo en un lugar implacable

El territorio montañoso de Naphtha ocupaba 210 kms desde la boca del Golfo Pérsico, justo en el lugar donde la Compañía Anglo-Persa estaba construyendo una refinería para transformar el crudo. Hacerse con un equipamiento adecuado había llevado meses, ahora tocaba construir un oleoducto que pudiera transportar el petróleo por toda la ruta de las montañas.

El oleoducto segmentado se transportó en un buque de carga desde los EEUU, y la tripulación lo subió río arriba en una barcaza. Las mulas hicieron el resto, arrastrando la mercancía con la ayuda de trabajadores que alisaban el terreno más empinado para permitir el paso de los animales. El trabajo que fue lento y meticuloso duró dos años.

A su finalización, la refinería de Abadan se convirtió en la mayor del mundo. En ella trabajaron instaladores, albañiles y empleados de la India, carpinteros de China y peones de la mayoría de los países árabes.

El contingente británico de la compañía incluía al doctor Morris Young, que había acompañado al primer grupo de exploración y había dado asistencia a la mayoría de la gente que vivía en las proximidades del centro de perforación. Partiendo de una tienda de campaña en Masjid-i-Suleiman fundó un hospital allí y otro en Abadan, que se convirtieron en dos de los mayores centros médicos del suroeste de Persia, luchando contra las epidemias y los problemas derivados de la baja calidad del agua.

De nuevo cerca de la bancarrota

En 1914 la Anglo-Persa se encontraba cerca de la quiebra por segunda vez en su corta historia. La Compañía tenía mucho petróleo pero nadie a quien vendérselo. Los coches eran aún muy caros para considerarlos como mercado potencial del petróleo, y las compañías europeas y del Nuevo Mundo tenían arrinconada a la industria del petróleo. Además, no podía venderse como queroseno para calefacción, uno de los principales usos del petróleo en la época.

La entrada en juego de Winston Churchill, que había asumido un nuevo papel en la política británica como Primer Ministro de la Marina, fue definitiva. Los británicos estaban orgullosos de su armada, y sus buques propulsados con petróleo eran la última innovación. Pero mientras encontraban un nuevo y próspero cliente en la Marina Real, la vieja guardia de Whitehall dudaban si confiar o no en el principal rival del carbón.

Churchill era partidario, pensaba que Gran Bretaña necesitaba un proveedor único de petróleo y llevó el caso al Parlamento, conminando a sus colegas a apoyarle “Tened cuidado con la expansión de las regiones petrolíferas en todo el mundo” "Sólo la británica Compañía Petrolífera Anglo-Persa," -dijo, "puede cuidar de los intereses británicos".
"Tened cuidado con la expansión de las regiones petrolíferas en todo el mundo."
Winston Churchill
La resolución fue sonora, y el Gobierno inglés se convirtió en el mayor accionista de la compañía. Churchill había terminado con la crisis de la Anglo-Persa y nadie podía imaginar en las consecuencias a largo plazo de una compañía que uniera sus intereses financieros con una entidad política.

Dos semanas después, el Archiduque Franz Ferdinand es asesinado en Sarajevo. Seis semanas más tarde Alemania ataca Francia. La Gran Guerra ha comenzado. Y a su fin nadie puede imaginar una guerra sin petróleo.

Dos grandes adquisiciones y una década loca

A pesar de su nombre, la marca British Petroleum fue creada por una firma alemana como una forma de comercializar sus productos en el Reino Unido. Durante la guerra, el Gobierno británico se hace con los recursos de la compañía y el miembro público del consejo de administración los vende a la Anglo-Persa en 1917.

Con ella, la Anglo-Persa consigue una importante red de distribución en el Reino Unido que incluye 520 almacenes, 535 vagones cisterna, 1102 vehículos, 4 barcazas y 650 caballos.

Ese mismo año, con la guerra dando sus últimos coletazos, la Marina Real se queja de que el petróleo de la Anglo-Persa causa problemas en sus motores a bajas temperaturas. La Anglo-Persa compra una mansión victoriana en Sunbury, cerca de Londres, y establece un laboratorio de investigación en el sótano desde donde dirigir todas sus actividades científicas.

La siguiente década, el gas y la electricidad van reemplazando al queroseno en las calefacciones de los hogares, los vehículos alimentados por gasolina empiezan a ser una alternativa al transporte en ferrocarril y la era del automóvil comienza con fuerza. Estos cambios sociales abren una puerta en la que la Anglo-Persa se adentra, extendiendo sus ventas en Gran Bretaña y en toda Europa.